Computadora de C.

Video en disco duro y subido a blog en fecha 4 de abril de 2000.

Domingo.

8 de abril de 2001.

Descenso.

Y ahora aquí estamos, en este cerro y con esta sed que araña nuestro interior. La inercia es la fuerza que nos empuja y nos obliga a caminar. La inercia se fortalece a costa de nuestra sed y desesperación. ¿Dónde estamos? Solo sabemos que vamos hacia abajo, hacia lo negro, hacia donde no vemos. ¿Por qué bajamos? Porque queremos agua, la necesitamos… Y porque sabemos que allá abajo, en la falda del cerro, la encontraremos. ¿Cómo lo sabemos? Porque la escuchamos. Percibimos su sonido, su cauce, su correr. No sabemos si daremos con un río, un riachuelo, un arroyo o un ojo de agua. Sea lo que sea, no nos importa. Solo sabemos que la escuchamos. Y deseamos, esperamos, anhelamos que no se trate de una ilusión. Miro hacia arriba, pero no diviso la cima. El cerro es un espectro rocoso cuya silueta se funde con la madrugada oscura y las nubes espesas. Miro hacia abajo y tampoco distingo el resto del camino. No sé hacia dónde vamos. Nada alrededor es evidente. Y pienso que esta es la vida de los penitentes. El calvario de los que marchan en línea recta y en silencio hacia el sitio que todos temen.

Continuamos…

Sábado.

7 de abril de 2001.

Cumbre.

Llegamos. A, B, yo y los otros dos estamos en la cima de la quinta montaña. La más alta de todas, la parada final, nuestro sitio sagrado, nuestro lugar ideal. Son las seis y media de la tarde, la temperatura desciende. Cada cierto tiempo doy media vuelta y miro hacia atrás. Las siluetas no reaparecen, pero yo las tengo presente. Y también esas palabras… Esas palabras me envuelven… Armamos las tiendas de campaña y encendemos la fogata. Nos abrigamos con chamarras e izamos la bandera de la banda. Ella flamea, negra e impoluta, con el nombre y logo escritos y dibujados con spray blanco. Me acerco a la radio, coloco un casete, aprieto playA Blaze in the Northern Sky, de Darkthrone… ¡Ahhh, perfecto! ¡Naturaleza, Metal y alcohol! ¡La combinación ideal! Nos sentamos sobre el pasto, de espaldas al fuego. Admiramos los contornos irregulares de los otros cerros. El horizonte es un impetuoso degradé de azul a negro. El firmamento es amplio, extenso, curvo e ilimitado. Cierro los ojos e imagino las fauces abiertas de una bestia. Esto es la calma antes de la tormenta. Suenan baterías y guitarras histéricas. Avasallan, desquician… Las fauces de la bestia se cierran. Mastican. Aniquilan…

Nos preparamos…

23/33