Computadora de C.

Video encontrado en disco C y subido a blog en fecha 1 de septiembre de 2000.

Sábado.

7 de abril de 2001.

Cabaña.

Despertamos. La resaca es un estilete oxidado e incrustado en nuestros cerebros. Para soportarla desayunamos agua, alcohol y huevos. Nos echamos en hamacas, descansamos. Al mediodía: fideos con arroz. No hacemos siesta. Alistamos las tiendas de campaña, los sleeping bags, todo, etcétera. Entrego dos botellas con agua a A, y otras dos a B. A los otros dos, nuestros invitados, no les entrego nada. Dejamos la cabaña a la una y media de la tarde. Bajamos por la escalinata y nos internamos en el monte, la naturaleza, nuestra tierra. A va por delante, abre camino a machetazos. Él, B y yo conocemos la ruta, pero nuestros invitados, no. Para ellos todo es nuevo, su iniciación. Y no solo eso. Es la prueba que deben superar para convertirse en miembros de la banda… Bueno, al menos eso es lo que les hicimos creer.

Iniciamos…

Domingo.

8 de abril de 2001.

Descenso.

Y aquí estamos. Somos tres y tenemos tanta sed. Caminamos pero al parecer no avanzamos. Las baterías de nuestras linternas ya murieron, las tiramos. Nos decimos que no hay problema, que estamos bien, que tenemos fuerzas; pero nada de eso es cierto. Nos mentimos, nos engañamos. Y tampoco mencionamos lo que hicimos hace un rato. El pasillo que recorrimos, la puerta que abrimos, lo que descubrimos acerca de nosotros mismos. Lo revivimos, lo rememoramos, pero no lo hablamos. Lo callamos. Lo ocultamos. ¿Tendría sentido exteriorizarlo? Tiritamos y el vapor que exhalamos se convierte en hálito. Con cada nuevo paso nuestros cuerpos pierden algo. No sé qué, pero algo que será difícil, sino imposible, de recuperar. Algo que tal vez, en realidad, ya habíamos perdido antes de bajar. No hay dolor, el cansancio se transformó en otra sensación. Un estado inhumano, carente de alma o emoción. Es la nada. Esta marcha ya no daña. Solo desconcierta y desespera. Tengo sed, mi cabeza pesa. ¿Dónde estamos? ¿Por qué bajamos?

Continuamos…

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